El presidente de Estados Unidos emitió una contundente advertencia al gobierno canadiense, señalando que impondrá aranceles del cien por ciento a las exportaciones de ese país si Ottawa avanza en la firma de un nuevo acuerdo comercial con China. La declaración surge en medio de una escalada de tensiones diplomáticas en la región norteamericana, donde la política proteccionista de la Casa Blanca busca frenar la influencia asiática en el mercado continental.
Durante un discurso centrado en la política económica exterior, el líder estadounidense argumentó que permitir una mayor integración comercial entre Canadá y China funcionaría como una puerta trasera para que productos asiáticos inunden el mercado, vulnerando los principios del tratado trilateral vigente. La amenaza ha generado una reacción inmediata en los mercados financieros y preocupación en el sector industrial transfronterizo.
Analistas internacionales sugieren que esta postura busca presionar a los socios comerciales para que alineen sus estrategias geopolíticas con los intereses de Washington. El gobierno canadiense, por su parte, se encuentra en una encrucijada, defendiendo su soberanía para establecer relaciones comerciales mientras intenta preservar la estabilidad de su vínculo con su principal socio exportador.
La medida anunciada, de concretarse, podría tener repercusiones significativas en cadenas de suministro clave, como la automotriz y la energética. Representantes del sector empresarial han instado a ambas partes a priorizar el diálogo y evitar medidas coercitivas que desestabilicen la economía de la región.


