Ceuta, el pequeño enclave español en el norte de África, recibió alrededor de 60 mil migrantes en cuestión de días. Para dimensionarlo: la crisis fronteriza de 2021, que ya había sacudido a Europa, involucró entre 8 mil y 9 mil personas. Esta vez la cifra fue casi siete veces mayor y en un lapso todavía más corto.
El detonante apunta a falsas promesas de asilo difundidas masivamente, que movilizaron a decenas de miles hacia la frontera. Sindicatos y asociaciones policiales habían advertido previamente sobre la presión migratoria y la falta de recursos para gestionar los límites del enclave, alertas que no se tradujeron en refuerzos.
El episodio coincidió con movimientos diplomáticos entre España y Argelia, en particular la visita de Pedro Sánchez al presidente argelino. El Ministerio de Asuntos Exteriores español negó cualquier vínculo entre la entrada masiva y ese viaje, y sostuvo que 'la relación con Marruecos es excelente y no se ve afectada en modo alguno'.
Para el fin de semana, la mayoría de quienes llegaron había regresado a Marruecos y Ceuta ya no parecía una ciudad al borde del colapso. Sus habitantes, sin embargo, siguen conmocionados, y el episodio deja abierta la pregunta sobre la capacidad real de ambos países para anticipar un movimiento de esta escala.


