Felipe Capozzolo, representante de la organización empresarial Fedecámaras, señaló que la decisión del gobierno de ofrecer nuevas divisas en el mercado oficial podría contener la devaluación del bolívar y moderar los precios. La medida, financiada por mayores ingresos petroleros, intenta equilibrar la oferta y demanda de dólares en un país con inflación de tres dígitos.
En Venezuela, el salario mínimo permanece cerca de 130 bolívares, equivalente a alrededor de 0,37 dólares, lo que obliga a millones de trabajadores a depender de remesas o ingresos informales. Empresarios advierten que la inyección de divisas es un alivio temporal y que se requieren reformas estructurales para mejorar la productividad.
Algunos ciudadanos expresaron optimismo moderado sobre el impacto de la medida en sus bolsillos. Vendedores de mercados dijeron que una moneda más estable podría permitir planificar mejor los precios, aunque persistieron dudas sobre la sostenibilidad a largo plazo.
Capozzolo añadió que se espera un crecimiento económico cercano al 3 % en 2026, pero advirtió que persistirán obstáculos como elevados impuestos y dificultades para acceder a crédito. Los analistas coinciden en que sin cambios legales profundos, la economía seguirá vulnerable a shocks externos y variaciones en el precio del petróleo.



