Las alarmas antiaéreas volvieron a sonar con fuerza en Kiev debido a un ataque masivo con misiles y drones lanzado por las fuerzas rusas. La ofensiva se produce en un momento crítico, justo cuando se llevan a cabo rondas de negociación que buscan poner fin al conflicto armado, lo que ha sido interpretado como una táctica de presión militar sobre la mesa diplomática.
Las autoridades ucranianas reportaron daños en infraestructuras críticas y zonas residenciales, aunque los sistemas de defensa lograron interceptar una parte significativa de los proyectiles. El gobierno de Ucrania condenó el ataque, calificándolo de acto de terrorismo diseñado para desmoralizar a la población y forzar concesiones territoriales inaceptables.
Desde Moscú, se justificó la operación como un golpe necesario contra objetivos militares, reiterando que la situación en la región del Donbás sigue siendo el punto central de sus demandas. Los mediadores internacionales han expresado su profunda preocupación por esta escalada, advirtiendo que la violencia continua pone en riesgo cualquier avance logrado en las conversaciones.
La comunidad internacional observa con ansiedad el desarrollo de los acontecimientos, temiendo que el recrudecimiento de los combates descarrile definitivamente el frágil proceso de paz. Líderes europeos han instado a ambas partes a mostrar contención y a comprometerse genuinamente con la búsqueda de una solución negociada.




