El gobierno del Reino Unido dio un paso decisivo en la reestructuración de su aparato de seguridad con el anuncio de la creación de una nueva agencia nacional, descrita por funcionarios como un equivalente al FBI estadounidense. El Ministro del Interior presentó la propuesta ante el Parlamento, argumentando que el país necesita un mando centralizado para enfrentar las amenazas modernas del crimen organizado y el terrorismo.
La nueva entidad tendría competencias ampliadas para investigar delitos complejos que trascienden las fronteras de las fuerzas policiales locales, como el narcotráfico a gran escala, la ciberdelincuencia y el lavado de dinero. El objetivo es eliminar las brechas de jurisdicción y mejorar la inteligencia compartida entre las distintas agencias del Estado.
La iniciativa surge en respuesta a diagnósticos que señalaban la fragmentación del sistema actual como una debilidad frente a redes criminales cada vez más sofisticadas. Se espera que el organismo reclute a especialistas en diversas disciplinas, desde análisis forense digital hasta operaciones encubiertas, para dotar al Estado de mayores capacidades de respuesta.
Aunque la propuesta ha sido recibida con interés, también ha generado debates sobre la supervisión y los poderes que se otorgarán a esta nueva fuerza. El gobierno aseguró que la agencia operará bajo estrictos controles democráticos y respeto a las libertades civiles, mientras avanza en el proceso legislativo para su formalización.




