El presidente ruso, Vladimir Putin, reconoció públicamente que "hay colas en las gasolineras y los tipos de gasolina que se necesitan no siempre están disponibles", durante una reunión del Consejo de Ministros, en el primer reconocimiento abierto de la escasez de combustible que enfrenta el país.
El desabasto es consecuencia directa de los ataques con drones ucranianos contra la infraestructura petrolera rusa, ejecutados como represalia a la ofensiva militar de Moscú en territorio ucraniano, lo que ha afectado la capacidad de refinación del país.
Según explicó el propio Putin, "las refinerías más grandes están funcionando a máxima capacidad" y se han reducido los periodos de mantenimiento de rutina, además de aplazar mantenimientos programados para sostener el suministro. Las reservas de gasolina rusas se ubican en 1.7 millones de toneladas, una baja de apenas 4% respecto al mismo periodo del año anterior. El gobierno ruso evalúa ahora prohibir totalmente la exportación de diésel para garantizar el abasto interno.
Putin insistió en que "la situación no es crítica", pero el episodio expone el costo interno que la guerra está teniendo para la economía rusa y podría encarecer los combustibles en otros mercados, incluida Europa, según reportes especializados.





