Los equipos técnicos de México y Estados Unidos se reunieron este martes para avanzar en las discusiones bilaterales previas a la revisión formal del T-MEC, programada para el 1 de julio. La ronda de negociaciones abordó tres ejes prioritarios: cómo reducir la dependencia de importaciones provenientes de fuera de América del Norte, el fortalecimiento de reglas de origen —especialmente en el sector automotriz— y la seguridad de las cadenas de suministro del continente.
El gobierno de Trump ha planteado que el T-MEC debe generar más empleo manufacturero en suelo estadounidense y reducir lo que describe como un aprovechamiento indebido del tratado por parte de empresas que ensamblan en México con componentes chinos. México, por su parte, busca que la revisión sirva para eliminar los aranceles que aún pesan sobre el acero y el aluminio mexicanos.
El contexto no es favorable para México: el peso lleva semanas bajo presión, las remesas caerían 12% este año y el crecimiento económico se proyecta cercano a cero. Una revisión desfavorable del T-MEC podría afectar a sectores como el automotriz, que emplea a millones de trabajadores en estados como Guanajuato, Puebla y Nuevo León.
A diferencia de negociaciones anteriores, esta revisión ocurre con un Trump más agresivo en materia comercial y con la relación bilateral aún marcada por las tensiones sobre aranceles, migración y la presencia del crimen organizado. El margen de maniobra para Sheinbaum es estrecho pero no inexistente.

