México consolidó su posición como el principal socio comercial de Estados Unidos al registrar una participación del 43.74% en las importaciones del sector automotriz estadounidense durante 2025, un aumento respecto al 42.86% del año previo, según datos de la Industria Nacional de Autopartes. El dato llega en un momento de alta tensión comercial y demuestra que la relocalización de manufactura hacia México —el llamado nearshoring— siguió avanzando incluso bajo la presión arancelaria del gobierno de Trump.
El crecimiento se explica por la aceleración de inversiones en el Bajío y en el norte del país, zonas que se convirtieron en destino preferido de empresas que buscan reducir su dependencia de Asia. Sectores como el automotriz, electrónico y de dispositivos médicos lideraron el repunte, con plantas nuevas que en muchos casos apenas están entrando en operación.
Sin embargo, el avance no está libre de riesgos. La revisión del T-MEC en julio podría modificar las reglas de origen e imponer condiciones más estrictas al contenido regional, lo que afectaría a empresas que todavía dependen de insumos chinos para su producción en México. La habilidad del gobierno de Sheinbaum para negociar esos términos determinará si el auge exportador puede sostenerse.
Para los trabajadores mexicanos el efecto es ambivalente: más empleo formal en manufactura, pero salarios que siguen siendo muy inferiores a los de sus contrapartes en el norte del continente.

