Meliá dejará de operar y comercializar hoteles en Cuba después de tres décadas de presencia, al considerar que las nuevas sanciones estadounidenses hacen imposible mantener una estabilidad mínima. La salida se suma al retiro de Iberostar y Barceló y golpea una de las principales fuentes de divisas de la isla.
La filial portuguesa de Meliá cancelará servicios de gestión, comercialización, uso de marcas, actividad receptiva y cadena de suministro. La decisión afecta una red de establecimientos vinculados con el Ministerio de Turismo cubano, incluido en la lista de sanciones de Washington.
Las compañías españolas enfrentan obstáculos financieros, legales y de acceso al mercado estadounidense si mantienen relaciones con entidades cubanas sancionadas. Al mismo tiempo, la crisis eléctrica, la escasez de combustible y la caída de visitantes han deteriorado la rentabilidad de los hoteles.
Cuba pierde experiencia operativa, canales internacionales de venta y marcas capaces de atraer viajeros europeos y latinoamericanos. La reconfiguración también importa a México por la conectividad turística regional, la competencia entre destinos del Caribe y las consecuencias humanitarias de una economía cubana cada vez más aislada.



