La OTAN entró en la recta final hacia una de sus cumbres más relevantes en años. El secretario general, Mark Rutte, fue recibido en Alemania por el canciller Friedrich Merz y el ministro de Defensa Boris Pistorius para afinar los detalles del encuentro que la Alianza celebrará en Ankara.
Rutte definió la cita como una cumbre 'de ejecución' y adelantó que allí se anunciarían decenas de miles de millones de dólares en nuevos contratos de defensa, destinados a incrementar la producción industrial y acelerar el suministro de capacidades militares a los aliados.
El movimiento ocurre mientras la Alianza refuerza su flanco oriental: Alemania y Países Bajos asumen mayor responsabilidad en el mando terrestre de la OTAN en el Báltico, en respuesta a la presión rusa sobre las fronteras europeas.
La cumbre de Ankara se perfila como un termómetro de la cohesión atlántica en un momento de tensiones entre Europa y Estados Unidos. Lo que se decida marcará el rumbo de la seguridad del continente en los próximos años.


