México enfrenta una emergencia silenciosa en sus hospitales: las unidades de hemodiálisis y diálisis peritoneal del IMSS y el ISSSTE están rebasadas, y miles de pacientes con enfermedad renal crónica no reciben atención oportuna. La raíz del problema tiene nombre propio: diabetes. Con más de 14 millones de mexicanos diagnosticados y millones más sin diagnóstico, la complicación renal de la enfermedad se ha convertido en uno de los principales generadores de gasto hospitalario y discapacidad en el país.
El costo de los equipos de diálisis importados —principalmente de Estados Unidos, Alemania y Japón— hace que el sistema público no pueda cubrir la demanda. Ante este escenario, investigadores del Instituto Politécnico Nacional y la UNAM desarrollan una línea de máquinas de diálisis de fabricación nacional, con componentes accesibles y adaptadas a las condiciones del sistema de salud mexicano.
Los prototipos ya se prueban en unidades piloto de hospitales del Estado de México y Jalisco. Los resultados preliminares muestran eficacia comparable a los equipos importados a un costo de producción estimado en un tercio del precio de mercado. Si las pruebas clínicas concluyen satisfactoriamente, el proyecto podría escalar a producción masiva con apoyo de la Secihti en el segundo semestre del año.
Los especialistas subrayan que la solución tecnológica es solo una parte del problema: sin cambios profundos en hábitos alimentarios, acceso a medicamentos y detección temprana, la demanda de diálisis seguirá creciendo más rápido que cualquier capacidad instalada.

