La presidenta Claudia Sheinbaum firmó el decreto que da vida al Servicio Universal de Salud, un sistema que promete que cualquier mexicano podrá atenderse en cualquiera de las tres instituciones públicas del país —IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar— sin importar si cotiza o no en alguna de ellas. El registro inició el 13 de abril con los adultos mayores de 85 años, el grupo poblacional más vulnerable y con mayor necesidad de atención médica continua, y se extiende hasta el 30 de ese mismo mes.
El calendario de credencialización se organiza por orden alfabético del primer apellido. Una vez registrados, los beneficiarios recibirán una credencial física y tendrán acceso a una aplicación móvil que incluirá la versión digital del documento, consulta en tiempo real de derechohabiencia y un directorio de unidades de salud y hospitales disponibles según ubicación geográfica.
El gobierno federal estima que el programa beneficiará inicialmente a los más de 32 millones de mexicanos mayores de 50 años, un segmento que históricamente ha quedado fuera de la cobertura del sistema de seguridad social. La siguiente fase incluirá el registro del grupo de 70 a 85 años, previsto para mayo. El programa también contempla la adquisición de 816 equipos médicos de alta tecnología por más de 11,000 millones de pesos para hospitales públicos.
Especialistas del sector señalan que el éxito del esquema dependerá de la velocidad con que se digitalicen los 582 hospitales de IMSS-Bienestar y se garantice una interoperabilidad real entre las tres instituciones. El reto es mayúsculo: fusionar sistemas de información históricamente incompatibles mientras se atiende la demanda cotidiana de millones de pacientes.

