El gobierno de Claudia Sheinbaum puso en marcha la credencialización del Servicio Universal de Salud, la reforma sanitaria más ambiciosa en décadas, que busca integrar en una sola red operativa al IMSS, el ISSSTE y el IMSS-Bienestar para atender a toda la población independientemente de su condición laboral. El proceso arrancó con los adultos mayores de 85 años, quienes a partir del 13 de abril pueden registrarse en módulos instalados en las capitales de todas las entidades federativas.
La credential del Servicio Universal de Salud tendrá rango de identificación oficial, equiparable a la credencial de elector o al pasaporte. El calendario de registro está organizado por apellido, y el proceso completo se extenderá hasta el 31 de diciembre de 2026. Las autoridades digitalizaron 582 hospitales del IMSS-Bienestar para hacer posible el intercambio de servicios entre instituciones.
La primera fase de intercambio de servicios entre instituciones comenzará en enero de 2027, con la expectativa de que el sistema opere de forma plena en 2028. El decreto presidencial también contempla la credencialización de mexicanos en el exterior a través de consulados, ampliando el alcance del programa a las comunidades migrantes.
Críticos del sistema advierten que la integración institucional enfrenta obstáculos históricos como la escasez de médicos especialistas, el desabasto de medicamentos y la falta de infraestructura hospitalaria en zonas rurales. Sin resolver esos cuellos de botella, argumentan, la credencial universal podría convertirse en un derecho formal sin respaldo operativo.

