Se suponía que esta semana en México sería la de Kali Uchis. La cantante colombiana, una de las voces más seductoras del R&B y el latin pop contemporáneo, tiene programada su presentación en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México el 25 de febrero, cierre de su gira de 'Orquídeas'. Miles de fanáticos habían comprado sus boletos meses antes. Nadie anticipó que la semana estaría dominada por la muerte del narco más buscado del país.
La ironía se volvió tema en redes sociales: mientras Jalisco ardía y la presidenta Sheinbaum enfrentaba a Elon Musk en una guerra de declaraciones, los fans de Kali Uchis intentaban resolver si el concierto se mantendría, cómo llegarían al Palacio de los Deportes y si era 'apropiado' celebrar en un contexto de duelo nacional y alerta de seguridad. La artista, conocida por crear experiencias íntimas e hipnóticas en vivo, no hizo declaraciones públicas sobre la situación en México.
Otras figuras del espectáculo sí rompieron el silencio: Christian Nodal, Eiza González, Thalía y más celebridades mexicanas reaccionaron a la ola de violencia, algunos cancelando eventos en Jalisco. El contraste entre el mundo del entretenimiento que trata de continuar y la realidad del país fue el eje de buena parte de la conversación cultural de la semana.
A horas del concierto, la expectativa entre los asistentes confirmados oscilaba entre el entusiasmo por ver a una artista en uno de sus mejores momentos creativos y la incomodidad de festejar mientras el país procesa una crisis de seguridad sin precedente reciente. La pregunta que quedó flotando: ¿cuándo el entretenimiento puede —y debe— seguir?





