El comandante en jefe Min Aung Hlaing, líder de la junta que gobierna Myanmar desde el golpe de 2021, desestimó las críticas de la comunidad internacional al proceso electoral organizado bajo su mando. Según los resultados preliminares, el partido respaldado por los militares se perfilaba para ob.
Organismos de derechos humanos y gobiernos occidentales calificaron las elecciones como una farsa debido a la exclusión de millones de votantes y al contexto de guerra civil. Sin embargo, Min Aung Hlaing defendió la jornada señalando que la votación se desarrolló en calma y que los colegios electorales funcionaron con normalidad en la mayoría de las regiones. El jefe militar insistió en que la baja participación —estimada en alrededor del 42 %— se debió a factores de logística y no a boicots o intimidaciones.
El líder castrense también afirmó que la Comisión Electoral no recibió denuncias significativas de irregularidades y prometió que se respetará la voluntad de las urnas. No obstante, países como Malasia anunciaron que consultarán con otros miembros de la ASEAN para evaluar la legitimidad del nuevo gobierno y considerar sanciones. Mientras tanto, grupos opositores en el exilio reiteraron su llamado a la comunidad internacional para que no reconozca los resultados y apoye la restauración de la democracia.
Myanmar permanece sumido en un conflicto interno que ha desplazado a decenas de miles de personas y devastado regiones enteras. A pesar de las declaraciones de la junta, la violencia continúa en varias provincias donde milicias étnicas y fuerzas progubernamentales se enfrentan. Observadores temen que los resultados electorales consoliden aún más el poder militar y alejen la posibilidad de una transición democrática.




