Irán lanzó una nueva andanada de misiles contra posiciones estadounidenses en Medio Oriente, mientras Estados Unidos y Arabia Saudita atacaron milicias respaldadas por Teherán en Irak. La reanudación de las hostilidades terminó con varios días de relativa calma y volvió a acercar a la región a una confrontación de mayor alcance.
Los bombardeos conjuntos en territorio iraquí dejaron al menos 20 combatientes muertos, de acuerdo con los reportes coincidentes. Riad sostuvo que grupos armados iraquíes habían enviado drones contra instalaciones petroleras sauditas; esas organizaciones negaron inicialmente la acusación, mientras los hutíes de Yemen reivindicaron ataques contra objetivos energéticos sauditas.
El presidente iraquí, Nizar Amidi, condenó las incursiones como una violación de la soberanía de su país. El episodio coloca al Gobierno de Bagdad bajo una presión doble: contener a las facciones alineadas con Irán y, al mismo tiempo, responder a operaciones extranjeras ejecutadas dentro de sus fronteras.
El impacto se extendió a los mercados de energía. El crudo Brent subió más de tres por ciento y superó los 84 dólares por barril, reflejo del temor a interrupciones en el suministro y a una nueva fase de una guerra que ya ha alterado rutas comerciales, presupuestos públicos y expectativas económicas.




