A menos de dos meses del arranque del Mundial, Gianni Infantino se encuentra con un pedido explosivo dentro de su propio organismo: frenar las redadas de ICE en todo Estados Unidos para evitar que el torneo se convierta en una trampa migratoria para los aficionados latinos.
La propuesta nació en la cúpula de FIFA, primero como una petición limitada a los estadios y luego como una exigencia de alcance nacional. El temor es concreto: millones de mexicanos y centroamericanos viajarán a Estados Unidos con entradas en la mano, y un operativo masivo durante un partido podría convertirse en una crisis diplomática en vivo.
Infantino no es un interlocutor cualquiera de Trump. Ambos han compartido eventos públicos y en diciembre el suizo le entregó al presidente estadounidense el primer FIFA Peace Prize. La relación, que el directivo ha cuidado con obsesión, ahora se convierte en su principal activo para pedir un favor político de alto costo.
La Casa Blanca no ha respondido, pero la señal para México es inmediata. Sheinbaum ya señaló desde Barcelona que confía en la buena organización del Mundial y en Palacio Nacional se evalúa qué hacer si ICE aparece cerca de las sedes en Monterrey, Guadalajara y CDMX durante el torneo.

