Un avión Bombardier Challenger 600, operado por una empresa privada, se estrelló al intentar despegar del Aeropuerto Internacional de Bangor en Maine en medio de una fuerte tormenta de nieve. La aeronave, que transportaba a un grupo de ejecutivos, se incendió tras salirse de la pista y chocó contra una zona boscosa cercana. Las autoridades confirmaron que siete personas murieron en el siniestro y una resultó gravemente herida.
Según funcionarios de la Administración Federal de Aviación (FAA), el accidente ocurrió cuando el piloto intentaba despegar con una visibilidad reducida y fuertes ráfagas de viento. El avión se elevó apenas unos metros antes de perder sustentación y caer. Testigos en el aeropuerto describieron una bola de fuego y humo negro que se elevó tras el impacto, mientras los equipos de emergencia acudían rápidamente al lugar.
El Consejo Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) envió un equipo de investigadores para determinar las causas exactas del accidente. Se examinarán las grabaciones de la caja negra, las condiciones del motor y el historial de mantenimiento de la aeronave. También se investigará si el clima extremo jugó un papel determinante y si se siguieron los protocolos de deshielo antes del despegue.
Las víctimas, cuyos nombres no se dieron a conocer de inmediato, viajaban desde Bangor hacia un destino en la Costa Oeste. Las autoridades locales ofrecieron apoyo psicológico a las familias y suspendieron temporalmente las operaciones en el aeropuerto. El accidente ocurrió mientras una tormenta invernal azotaba el noreste de Estados Unidos, complicando el tráfico aéreo y terrestre.

