La Unión Europea adoptó un nuevo paquete de sanciones contra Rusia que marca un cambio de enfoque respecto a medidas anteriores: esta vez, el bloque europeo apunta directamente a militares rusos en activo, incluyendo comandantes de unidades que operan en Ucrania, además de ampliar las restricciones económicas sobre sectores industriales que sostienen el esfuerzo bélico del Kremlin.
El paquete incluye congelación de activos e impedimentos de viaje para decenas de oficiales identificados por nombre, una medida inédita que busca crear consecuencias personales para quienes ejecutan las operaciones militares en territorio ucraniano. También endurece los controles sobre la exportación de tecnología de doble uso y cierra brechas que habían permitido a empresas intermediarias de terceros países evadir sanciones previas.
Moscú calificó las medidas de ilegales e ineficaces, argumentando que las sanciones de los últimos dos años no han logrado doblar la economía rusa, que creció un 3.6% en 2025 impulsada por el gasto militar. Sin embargo, analistas independientes señalan que la economía rusa muestra señales crecientes de sobrecalentamiento, inflación persistente y escasez de mano de obra cualificada que frenarán el crecimiento en los próximos trimestres.
El paquete es parte de la presión coordinada entre la UE y sus aliados de la OTAN para mantener el apoyo a Ucrania mientras las negociaciones de paz avanzan de forma fragmentada. México observa el conflicto con atención por su impacto en los precios globales de alimentos y energía, sectores donde la economía nacional tiene dependencias directas.

