La Semana de la Moda Masculina de París concluyó con un claro regreso a la sastrería tradicional combinada con diseños modernos. Casas como Hermès presentaron trajes precisos y elegantes, mientras que diseñadores como Junya Watanabe de Sacai desarmaron y reconfiguraron chaquetas y abrigos, mezclando tejidos y texturas. Las pasarelas destacaron abrigos largos, pantalones holgados y la reinterpretación del traje clásico en tonos terrosos y pasteles.
Los expertos señalaron que la tendencia hacia la sastrería ‘reconstruida’ se complementó con elementos deportivos como sudaderas y zapatillas, creando un estilo híbrido que apeló tanto a la comodidad como a la sofisticación. Hermès, bajo la dirección de Véronique Nichanian, combinó tejidos de alta calidad con siluetas relajadas, mientras que Sacai añadió cremalleras y bolsillos utilitarios a sus piezas.
Además del énfasis en la sastrería, varios diseñadores pusieron el foco en la longevidad de sus prendas. Marcas como Loewe reciclaron modelos de colecciones anteriores y promovieron la idea de que la ropa bien hecha puede durar décadas. La crítica interpretó este gesto como una respuesta a la creciente preocupación por la sostenibilidad en la industria de la moda.
Los desfiles se llevaron a cabo en escenarios emblemáticos de París, con una asistencia limitada de público debido a las medidas de seguridad y a la climatología invernal. A pesar de ello, la edición se consideró exitosa y marcó la pauta para la moda masculina del próximo año.





