En medio de un panorama global marcado por la guerra en Medio Oriente, los precios del petróleo cerca de los 100 dólares por barril y la incertidumbre sobre los aranceles de Trump, el peso mexicano logró algo que pocos anticipaban: fortalecerse. El dólar se cotizó a 17.40 pesos en promedio, una baja del 0.29% respecto a los 17.45 de la jornada previa.
La resiliencia del peso se sostiene en varios pilares: las altas tasas de interés del Banco de México, que mantienen atractivo al carry trade; los flujos de remesas que siguen en niveles históricos; y la percepción de que la economía mexicana, aunque desacelerada, no enfrenta un riesgo de crisis como otras economías emergentes.
Sin embargo, analistas advierten que la fortaleza podría ser temporal. La inflación al 4.59% anual podría obligar al Banco de México a pausar su ciclo de recortes, mientras que la revisión del T-MEC en julio y el desenlace del conflicto en Medio Oriente son variables que podrían generar volatilidad en las próximas semanas.
Para los hogares mexicanos, el tipo de cambio favorable se traduce en precios más estables para productos importados, aunque el encarecimiento de alimentos básicos y energéticos por factores internos sigue erosionando el poder adquisitivo de la población.




