El Banco de México emitió una advertencia de alcance directo para los bolsillos de los mexicanos: el conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ya cumple más de tres semanas, ha tensado los mercados internacionales de energía hasta niveles que recuerdan las crisis de 2008 y 2022. El cierre del Estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial— ha disparado los precios del gas y del crudo en los mercados globales.
Para México, que importa gasolinas refinadas y gas natural licuado, el impacto es doble: encarecimiento de combustibles para consumidores y presión inflacionaria sobre la cadena productiva. El Banxico, que había proyectado mayor dinamismo económico para 2026 tras la contracción registrada en 2025, reconoce ahora que las presiones externas "son relevantes y persistentes".
El peso mexicano ha reaccionado con volatilidad ante las noticias del Medio Oriente. El tipo de cambio amaneció presionado este viernes, reflejando la incertidumbre de los mercados globales ante la ausencia de señales de negociación: el presidente Trump descartó cualquier acuerdo de alto al fuego con Irán, indicando que "Washington lleva ventaja" en el conflicto.
Economistas consultados señalan que si el conflicto se extiende más allá de las próximas semanas, México podría verse forzado a revisar a la baja sus proyecciones de crecimiento para el segundo semestre del año. La estabilidad de los mercados energéticos se convierte así en un asunto de política económica interna para el gobierno de Sheinbaum.

