La política exterior de Estados Unidos vive uno de sus momentos más contradictorios en décadas: mientras el Departamento de Estado reporta 'avances' en las conversaciones de paz mediadas entre Israel e Irán en Washington, el Comando Central de EE.UU. en Oriente Medio confirma haber ejecutado ataques de 'autodefensa' contra posiciones iraníes luego del derribo de un helicóptero Apache del Ejército estadounidense. La escena recuerda a los peores episodios de la diplomacia de doble cara que tanto ha criticado Washington a otros actores globales.
El conflicto, cuyo origen inmediato se remonta a febrero de 2026, cuando Israel y EE.UU. lanzaron operaciones coordinadas contra el programa nuclear iraní, ha generado una cascada de represalias: misiles iraníes sobre Israel, ataques israelíes sobre el Líbano y drones que llegaron hasta Jordania, tensionando las alianzas regionales de Washington.
La comunidad internacional observa con creciente alarma el riesgo de que el conflicto se escale más allá del Medio Oriente. Los precios del petróleo reaccionan a cada nuevo episodio dado que el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del crudo mundial, sigue siendo un punto de vulnerabilidad crítico. Cualquier interrupción en el flujo por esa vía dispararía los precios globales de la energía.
Para México y América Latina, el conflicto tiene una dimensión económica directa: el alza en el precio del petróleo puede ser favorable para los ingresos de Pemex a corto plazo, pero el encarecimiento de los energéticos importados y el nerviosismo de los mercados financieros globales impacta el peso mexicano y las condiciones de financiamiento externo.

