La frontera entre Afganistán y Pakistán volvió a arder. Las autoridades talibanes lanzaron ataques contra territorio paquistaní e Islamabad confirmó el derribo de cuatro drones, en una peligrosa escalada que amenaza con desbordarse.
El detonante fueron los bombardeos previos del Ejército de Pakistán contra el este afgano. Kabul denunció más de 35 muertos, y la Misión de Asistencia de Naciones Unidas en Afganistán confirmó el fallecimiento de al menos 28 civiles en tres provincias.
El Ministerio de Defensa afgano aseguró que sus ataques apuntaron a supuestas bases del grupo Estado Islámico en las provincias de Baluchistán y Jáiber Pastunjua, que —según Kabul— se usaban para coordinar atentados contra civiles afganos.
El intercambio refleja el acelerado deterioro de las relaciones entre ambos países. Analistas advierten que, de sostenerse la escalada, crece el riesgo de una confrontación mayor con graves consecuencias para la población de la zona fronteriza.


