La tragedia ferroviaria sacudió a España cuando un tren de alta velocidad de la operadora Iryo descarriló en un tramo cercano a Adamuz, en la provincia de Córdoba, y fue embestido por un convoy Alvia que circulaba en sentido contrario. El siniestro destruyó varios vagones y ocasionó un incendio, provocando la muerte de al menos 39 personas y decenas de heridos, según los primeros informes de las autoridades andaluzas.
Los equipos de emergencia instalaron un hospital de campaña en el pabellón municipal de Adamuz para atender a los heridos y trasladar a los más graves a hospitales de Córdoba y Sevilla. La ministra de Transportes calificó el accidente de “tremendamente extraño” porque se produjo en un tramo diseñado para altas velocidades y explicó que la investigación se centra en determinar las causas del descarrilamiento.
Los habitantes de la zona se volcaron en ayudar a las víctimas, ofreciendo mantas, agua y alimentos a los pasajeros que quedaron varados. La Junta de Andalucía declaró luto oficial y se suspendieron actos públicos en señal de duelo. Testigos narraron escenas de pánico y solidaridad mientras los equipos de rescate sacaban a personas atrapadas entre los restos de los vagones.
Las autoridades ferroviarias anunciaron que todos los trenes de la línea Madrid-Sevilla serían revisados de inmediato y que la circulación por ese tramo permanecería interrumpida hasta que se restablecieran las condiciones de seguridad. La investigación preliminar apunta a un posible fallo en la vía o a un desprendimiento que habría provocado el descarrilamiento del Iryo, aunque no se descartan otras hipótesis.





