El Ejército Popular de Liberación de China realizó a mediados de marzo uno de sus ejercicios militares más provocadores en los últimos años: 26 aeronaves militares, de las cuales 16 cruzaron la línea media del Estrecho de Taiwán, y 7 buques de guerra operaron simultáneamente en aguas cercanas a la isla. Lo que elevó la alerta fue que, por primera vez, unidades de artillería de cohetes dispararon munición real dentro de la zona contigua, a solo 24 millas náuticas de la costa.
El Ministerio de Defensa de Taiwán calificó el ejercicio como una amenaza directa y activó sus sistemas de respuesta. Estados Unidos, que mantiene compromisos de defensa con Taiwán, envió un portaaviones hacia el Pacífico occidental como señal de disuasión. Japón, por su parte, expresó una protesta formal después de que China realizara un ejercicio adicional con el portaaviones Liaoning cerca de sus aguas.
Analistas señalan que el momento no es casual: el ejercicio coincidió con un despliegue de fuerzas estadounidenses hacia Irán, lo que sugiere una coordinación de mensajes entre Moscú, Teherán y Pekín para ocupar la atención de Washington en múltiples frentes al mismo tiempo.
Para México y América Latina el impacto es indirecto pero real: cualquier escalada en el Estrecho de Taiwán dispara el precio de los semiconductores, interrumpe las cadenas de suministro globales y genera presión adicional sobre una economía mundial ya debilitada.

