Un grupo de hombres encapuchados irrumpió en una cancha de fútbol en la ciudad de Salamanca, estado de Guanajuato, y disparó contra jugadores y espectadores que se habían reunido para un partido amistoso. El ataque se saldó con once muertos y al menos una decena de heridos, entre ellos adolescentes. Testigos dijeron que los agresores llegaron en camionetas y huyeron a los pocos minutos, dejando un reguero de casquillos y pánico en la comunidad.
El alcalde de Salamanca, César Prieto, condenó el ataque y señaló que las víctimas no tenían vínculos aparentes con el crimen organizado. Sin embargo, reconoció que la región ha sido golpeada por una ola de violencia entre grupos rivales dedicados al huachicol y el narcotráfico. La gobernadora de Guanajuato, Libia Dennise García, anunció un despliegue de fuerzas estatales y federales para reforzar la seguridad y buscar a los responsables.
Familiares de las víctimas se congregaron frente a la unidad deportiva para exigir justicia y protección. Algunos relataron que el evento era un torneo comunitario que reunía a familias enteras los fines de semana. ‘Jamás imaginamos algo así, solo vinimos a apoyar a nuestros hijos’, dijo una madre que perdió a su esposo en el ataque.
La Fiscalía General del Estado abrió una investigación por homicidio calificado y portación de armas de uso exclusivo del ejército. Peritos recabaron evidencia balística y revisaron videos de cámaras de seguridad en las inmediaciones. Las autoridades no descartaron que el atentado esté relacionado con conflictos entre cárteles que operan en Guanajuato, uno de los estados más violentos de México.

